El espíritu reformista debe ser completo.

Hemos acompañado con satisfacción la presentación pública del anteproyecto de unificación y reformas al Código Civil y Código de Comercio. Se trata de un desafío institucional trascendente, que supera por lejos el mero ámbito de la Academia o el del Foro. Es un aporte a una sociedad civil plural, equitativa, democrática y moderna.

Como tal, es un reconocimiento a la dinámica social que genera, en su interrelación, nuevas figuras, nuevos espacios y nuevos derechos. Bienvenidas las leyes que recojan estos desafíos.

sobre la argentina de hoy El espíritu reformista debe ser completo. Sabemos que también existe la decisión política de avanzar en la redacción de un nuevo Código Penal que repare el desguace producido en los últimos 20 años, fruto de reformas legislativas no siempre eficaces y muchas veces violatorias de los principios de sistematicidad y congruencia que deben abonar la materia penal. Estaremos allí también acompañando esa decisión para transformarla en ley.

Ahora bien, ojalá este rumbo reformista alcance a una asignatura pendiente que, valga la paradoja, tuvo a este mismo oficialismo como impulsor.

Nos referimos al Código Procesal Penal Nacional, cuyo proyecto fue elaborado durante más de un año (2005 / 2006) por una comisión de juristas y legisladores y presentado al Poder Ejecutivo Nacional en 2007.

Resulta incomprensible que a 5 años de aquel episodio, el mismo Gobierno lo mantenga en el olvido sin ningún tipo de explicación.

No quisiéramos pensar que el espíritu reformista se desvanece cuando se trata de meter mano en un ámbito de la justicia donde el actual sistema no parece el más adecuado para luchar contra la impunidad.

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Cuando el vicio se presenta como virtud.

Hay una frase de la matriz peronista que ha sobrevivido a los diferente ‘ismos’ que se han encolumnado detrás de la doctrina del General: “La realidad, sigue siendo la única verdad”.

Hoy es la realidad la que obliga al gobierno a adoptar una estrategia política y comunicacional bastante curiosa, aunque carente de virtuosismo.

sobre la argentina de hoy Cuando el vicio se presenta como virtud. La estrategia es simple y clara, trasformar vicios en virtudes; desatinos propios y errores evidentes, en desafíos; y por supuesto, como desde 2003 a la fecha, el sacrificio en el altar de la patria del enemigo de turno.

Esta semana hemos tenido dos hecho políticos donde esta doctrina de gestión de la verdad kirchnerista ha quedado en evidencia: el tema subtes y la reversión de áreas petroleras a cargo de YPF.

En el primer caso no se les mueve un pelo cuando argumentan que la transferencia de subtes y micros a la ciudad está motivada en la defensa del federalismo, la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires y en la necesidad de profundizar el modelo.

Nada dicen que detrás de esa fachada están desesperados por sacarse de encima un combo de Cromagnon/Once de riesgo permanente, para dejar de ponerle plata a un sistema corrupto que los ha devorado y, como bonus track, ahogar financieramente al enemigo elegido en este período, el Jefe de Gobierno porteño.

En el segundo caso, la contradicción y la hipocresía son más evidentes. Bajo el ropaje de defender un modelo nacional de desarrollo energético, obligan a YPF a invertir en exploración e inclusive apuestan a revertir áreas, por supuestos incumplimientos. Mientras, el gobierno enmascara su ineficiencia al exigir el cumplimiento de la Ley de Hidrocarburos y su equivocada política de precios y “aliento” a la actividad en los últimos 8 años.

Un vicio es un hábito dañino, y como tal, daña con la persistencia del hábito y a largo plazo genera retrocesos que hacen cada vez más difícil la rutina. Una virtud, por el contrario, es una cualidad positiva que interviene para bien. Una virtud comunitaria, nos hace en el corto y en el largo plazo una mejor sociedad.

El problema se vuelve grande cuando tomamos los hábitos dañinos como virtudes. Cuando lo malo se cuenta como bueno y los vicios se relatan como virtudes. Por ese camino, los éxitos relativos y las pequeñas batallas ganadas pueden ser a la larga un camino directo al fracaso común.

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