El triste aniversario del “Vamos por todo”

sobre la argentina de hoy El triste aniversario del “Vamos por todo”

En la tragedia de la estación de Once, hace poco más de un año, quedó expuesta una larga lista de valores despreciables en la gestión pública: incompetencia, corrupción, descontrol y desidia.

Cinco días después, y tras un largo silencio para los argentinos que esperábamos serenidad y reflexión, la Presidenta reapareció y en un acto en Rosario dijo: “Vamos por todo”.

En los días posteriores, el dicho tuvo tantos significados como intérpretes y hoy, un año más tarde, estamos en condiciones de analizar con certeza el contenido de la frase presidencial que tiene, por cierto, múltiples implicancias en materia económica, institucional y, también, en el ámbito de la política exterior.

En el plano económico fue una consigna con más carga emocional que visión estratégica. La intervención pública, necesaria para paliar desigualdades y deformaciones del mercado, fue utilizada para intentar robustecer el poder discrecional de un gobierno que tiene que lidiar con las consecuencias de sus propios errores.

Así se decidió la estatización de YPF, buscando disimular una década de errores sostenidos en materia energética, reflejados en la necesidad de importaciones equivalentes al total de exportaciones del complejo automotor. Aparecieron las restricciones en el mercado de divisas y, más cerca en el tiempo, los congelamientos de precios que pretenden ocultar, como con la estafa del INDEC, las consecuencias de una inflación que es el resultado de la impericia en la gestión pública durante los últimos seis años.

En lo institucional, el intento de reformar la Constitución pretende retrasar el reloj que les pone límites a todos los populismos: las imposibilidades para procesar la sucesión. En este caso, de un gobierno que trabaja todos los días motivado por la más conservadora de las intenciones, la perpetuación en el poder.

En esta materia, el deterioro que sufrió el país durante este año fue gravísimo. Intervenciones sin tapujos en el Poder Judicial; una exposición cruda de la perversa relación de sumisión y dependencia a la que son sometidos -y se dejan someter- muchos gobernadores, intendentes y, también, empresarios y dirigentes gremiales; y la concentración de medios de comunicación alimentados por la arbitrariedad en la utilización de los recursos públicos.

En la política exterior, el país ha dado un giro tan abrupto como perjudicial, que nos alejó de las tres grandes prioridades que debiera tener nuestra inserción en el mundo. Primero, el fortalecimiento de la integración regional, afectada severamente por el estancamiento del MERCOSUR.

En segundo lugar, la recuperación de la soberanía en las Islas Malvinas, meta de la que nos aleja una política errática, guiada por gestos efectistas con repercusión interna antes que el cumplimiento del objetivo, que es –además- un mandato constitucional.

Finalmente, el reciente memorando firmado con la República Islámica de Irán, que representa una claudicación en la búsqueda de la verdad y la justicia en el atentado más lacerante que sufrió la Argentina, en pos de un acuerdo que ha fracasado antes de entrar en vigencia y que nos acerca, peligrosamente, a un grupo de naciones alejadas de los tradicionales valores de democracia, paz y libertad que han permanecido inalterables en la política exterior argentina desde 1983.

Así, el “Vamos por todo” es una consigna vacía de contenido estratégico para los intereses de la Nación, pero que desborda de significado conceptual.

Expresa la decisión de intentar perpetuarse en el poder de unos pocos aunque eso signifique tener un gobierno sin valores, hacer de la Argentina un país más pobre, consolidar una sociedad dividida e irritada y mostrar un país mal acompañado en el mundo.

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Por qué votamos en contra del acuerdo con Teherán

El 27 de enero, la Presidenta anunció la firma de un acuerdo con Irán sobre cuestiones vinculadas al ataque terrorista a la AMIA. Lo que entonces fueron dudas e inquietudes, hoy son certezas: el memorándum que firmó el canciller Héctor Timerman nos aleja de la verdad y saca del horizonte a la justicia.

sobre la argentina de hoy Por qué votamos en contra del acuerdo con TeheránAquí enumero algunas de las inquietudes que Timerman no pudo responder en el Senado. Estas dudas, incoherencias y dislates se convirtieron en razones por las cuales rechacé el memorándum.

¿Por qué el cambio de postura? Mientras los últimos años Argentina exigía en los foros internacionales la extradición de funcionarios iraníes con pedido de captura, con el acuerdo acepta una propuesta ofrecida por Irán en 2007 y que entonces fue desechada por nuestro país por improcedente y por desviar el curso de la justicia.

¿Por qué no hay indagatorias? El acuerdo reza taxativamente que habrá interrogatorio, pero nada dice de indagatoria. Es decir que no tendrá valor a los efectos de hacer justicia en nuestro país. Más aún, la propia Audiencia no tiene seguridades de llevarse a cabo si la Comisión de la Verdad entiende que no hay mérito para seguir la causa.

¿Qué régimen legal se aplicará en la ejecución del acuerdo? El texto firmado no especifica que será el plexo legal argentino el que regirá en el momento en que el acuerdo se ponga en vigor. En su defecto, regirá la ley iraní, por ser allí la sede de la Audiencia. ¿Qué sentido tiene y en qué se ampara la presencia de jueces iraníes en los interrogatorios? ¿A qué se debe que siendo una causa judicial por un crimen perpetrado en Argentina, causa que Irán ha obstaculizado durante años negando la extradición de los funcionarios presuntamente implicados, en los interrogatorios participen funcionarios iraníes? ¿Será para custodiar el cumplimiento de la ley iraní?

¿Qué intervención tuvo la justicia argentina, puntualmente el juez Rodolfo Canicoba Corral y el fiscal Alberto Nisman en el proceso de elaboración del acuerdo? Según el canciller no han participado. Aquí hay un problema central. Los funcionarios judiciales en los cuales recae la responsabilidad de hacer justicia, no han sido ni consultados ni informados respecto al acuerdo que modifica sustancialmente el marco del cumplimiento de sus obligaciones.
¿Por qué el único punto del acuerdo de ejecución inmediata es la elevación del mismo a Interpol? ¿No será acaso ese el propósito de Irán: levantar la interdicción internacional que pesa sobre sus principales figuras políticas?

¿Con quién ha firmado un acuerdo Timerman? El régimen iraní es uno de los gobiernos más desacreditados de la tierra. Es reconocido por su poca confiabilidad en el mundo y su crueldad fronteras adentro: persigue con saña a homosexuales, restringe los derechos de la mujer, niega el holocausto y amenaza periódicamente con borrar del mapa a Israel.

Quienes señalan que Estados Unidos también está abriendo un proceso de negociación con la República Islámica de Irán olvidan una cuestión fundamental: en un caso el tema se rige por el derecho interno, el de AMIA es un crimen imprescriptible, de lesa humanidad; mientras que el otro está enmarcado por el derecho internacional. Allí, la aplicación coercitiva de la norma está sujeta a la aprobación de los sujetos de ese derecho, los países.

En la asamblea donde Interpol decidió dar curso al pedido de captura internacional de funcionarios iraníes involucrados en la causa AMIA, Brasil se abstuvo de votar y Venezuela no asistió a la reunión. Aquí hay un dato relevante: la posición argentina de presión internacional para que Irán someta a sus ciudadanos a la justicia de nuestro país tiene una debilidad central en la región. Eso, debió haber sido una prioridad para la política exterior y es un caso concreto en el que la vocación latinoamericanista debió haberse reflejado en la práctica.

Es evidente por qué Irán quiere acordar con Argentina: este año tiene elecciones, algunos de los sospechosos por el atentado son candidatos y querrán limpiarlos de culpa y cargo. A su vez, un país con mala reputación, precisa mostrar gestos de apertura, transparencia y sensatez. No busca la verdad, sino la amnistía de un gobierno argentino que se dispone a ceder lo que debiera proteger: la justicia.

Lo que no queda claro es que no hay razones que expliquen la voluntad de acordar y ceder por parte de Argentina. Las explicaciones de Timerman fueron confusas en un principio y agresivas luego. La pobreza argumental del gobierno inquieta y condiciona. No se puede aprobar un acuerdo que quienes lo defienden, no pueden explicarlo.

A continuación la versión taquigráfica del discurso expuesto en el recinto.

Exposición en el Recinto Sanz. 21-02-2013 by Ernesto Sanz

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